miércoles, 11 de diciembre de 2013

MARIA GABRIELA LLANSOL


Maria Gabriela Llansol. Lisboa, 1931, 2008

Texto extraído de El Libro De Las Comunidades. 


Lugar 16__  



Zaratustra era el lugar que habitaba y el gato que poseía. En un extremo del escritorio tenía un libro que lanzaba un anatema contra él, Friedrich N. Abría sus páginas y sumergía el rostro. Tenía también el escrito de Ana de Peñalosa y muchos más papeles entre los cuales se encontraba


dicho
que el Libro de las Comunidades
debería pasar por Nietzsche
pero creo que, en el futuro,
se hará difícil escribir
porque Nietzsche es un hombre
del libro. Bigotes, cabellos
negros. Esos adornos capila-
res me impiden proseguir.
Veo sus ojos hundidos
entre los bigotes y la frente.
Apenas podría dejarme lle-
var por los ojos si fue-
sen profundos. Lewis Carroll.
Puso la mano en las órbitas.
La mano entra y fluctúa: es el río
por donde descienden San Juan de la
Cruz y Thomas Müntzer en su
barco.
N. los llama y ellos desaparecen
meditabundos.
N. se desviste, queda desnudo, sólo con el
cabello, el bigote, el vello del
pubis. Recibe de manos de Ana de
Jesús una túnica. Se cubre con
ella. Ante el espejo se somete
al corte del bigote y del
cabello, le pasan una cuchilla por
el cráneo que queda completamente
calvo.
Me mira y me dice que pue-
do empezar a escribir. Yo le agra-
dezco la misericordia y me sien-
to ante él observando
la túnica, el blanco del libro y el
blanco libre. No consigo imagi-
narle el tono de voz, ni el per-
fil de su escritura. Ese cuerpo
duro es impenetrable y ha de re-
chazarme definitivamente. Doy
vueltas, lo cortejo, le pego en el
rostro. Él me toma la mano sin
enfadarse, inconmovible en su miseri-
cordia. Abre uno de sus libros y
los dos copiamos lo que allí está es-
crito, como si fuese texto por es-
cribir. Me ejercito, el calor de su
mano me distrae de lo que estamos
haciendo. Clavo los ojos en los suyos y
sé que no llegaré siquiera a pro-
nunciar su color. Me siento pode-
rosa y, al mismo tiempo, con ga-
nas de dormir. Duermo sobre su
mano, pero en el sueño sigo sintiéndole el ímpetu, y  en busca del lugar
adonde ella se dirige

una cueva con vitrales al fondo de donde partían sonidos diferentes que se propagaban
se oía el silencio por contraste con la agitación del agua, un esqueleto de ave se había posado en la popa del barco y en seguida crió plumas y echó cuerpo de pájaro vivo.

Nos pusimos a mirarlo fijamente y yo me acordé de llamarle Friedrich N. para que él no abandonase a mis hijos. Él alzó las alas y yo le vi los ojos soberbios que ocupaban toda la cabeza que no tenía frente. Su gato estaba cerca con el pelo erizado y el verdor que le aureolaba subía por el aire en dirección a la salida de la cueva. Contemplé los ojos del pájaro. Sonreí. Juan saltó al barco, se puso a remar con la mano sumergida en el agua. El pájaro alzó el vuelo y cayó a proa, reuniéndonos para el nacimiento del exilio.





Lugar 16__

Zaratustra era o lugar que habitava e o gato que possuía. Na extremidade da secretária tinha um livro que lancava um anátema sobre ele, Friedrich N. Abria-lhe as páginas e mergulhava o rosto. Tinha também o escrito de Ana de Peñalosa e muitos mais papéis entre os quais se encontrava

dito
que o Livro das Comunidades
deveria passar por Nietzsche
mas julgo que, para o futuro,
se tomará difícil escrever
porque Nietzsche é um homem
do livro. Bigodes, cabelos
negros. Esses adornos capilares
impedem-me de prosseguir.
Vejo-lhes os olhos esmagados
entre os bigodes e a testa.
Apenas poderia deixar-me levar
pelos olhos se eles fossem
profundos. Lewis Carroll.
Pouso-lhe a máo nas órbitas.
A mao entra e flutua: é o rio
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por onde descem Sáo Joáo da
Cruz e Tomás Müntzer no seu
barco.
N. chama-os e eles desaparecem
meditativos.
N. despe-se, fica nu, só com o
cabelo, o bigode, os pelos do
púbis. Recebe das rnáos de Ana de
Jesus urna túnica. Cobre-se com
ela. Em frente do espelho submete-
se ao corte do bigode e do
cabelo, passarn-lhe urna lamina pelo
cránio que fica completamente
calvo.
Olha para mim e diz-me que posso
principiar a escrever. Eu agradeco-
lhe a misericórdia e sento-
me diante dele perscrutando
a túnica, o branco do livro e o
branco livre. Nao consigo imaginar-
lhe o tom da voz, nem o perfil
da sua escrita. Esse corpo
duro é impenetrável e há-de repelir-
me definitivamente. Ando
a volta, cortejo-o, bato-lhe no
rosto. Ele toma-me a máo sem se
zangar, inabalável na sua misericórdia.
Abre um dos seus livros e
os dois copiamos o que lá está escrito,
como se fosse texto por escrever.
Exercito-me, o calor da sua
máo nao me distrai do que estamos
a fazer. Cravo os olhos nos seu s e
sei que nao chegarei mesmo a pro-
nunciar-lhes a coro Sinto-me poderosa
e, ao mesmo tempo, com ventade
de dormir. Adormece sobre a sua
máo, mas no sono continuo a sentir-
-Ihe o ímpeto e a procura do lugar
para onde ela se dirige

urna caverna com vitrais ao fundo donde partiam sons diferentes que se propagavam ouvia-se o silencio por contraste com o marulhar da água, um esqueleto de ave po usara a ré do barco e sem tardar dera penas e se fizera corpo de pássaro vivo.
Pusemo-nos a olhá-lo fixamente e eu lembrei-me de chamar-lhe Friedrich N. para que ele nao abandonasse meus filhos. Ele levantou as asas e vi-lhe os olhos soberbos que ocupavam toda a cabeca onde nao havia testa. Seu gato estava próximo de pelo ericado e a verdura que o aureolava subia no ar em direccáo da saída da caverna. Contemplei os olhos do pássaro. Sorri. Joao saltou para o barco, ficou a remar com a máo imersa na água. O pássaro levantou voo e abateu-se sobre a proa, reunindo-nos para o nascimento do exílio.

Traducido por Atalaire.



Atalaire es el nombre del tándem de traductores literarios formado por Mercedes Fernández Cuesta y Mario Grande desde 1998. Del portugués han traducido a autores como los portugueses Maria Gabriela Llansol, Margarida Rebelo Pinto y Manuel Rocha y los brasileños Ana Maria Machado y Raul Pompeia. Puede consultarse su historial completo en www.acett.org   



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