jueves, 15 de mayo de 2014

HÉLIA CORREIA


Hélia Correia   (Lisboa, 1949)




A TERCEIRA MISÉRIA



1.
Para quê, perguntou ele, para que servem
Os poetas em tempo de indigência?
Dois séculos corridos sobre a hora
Em que foi escrita esta meia linha,
Não a hora do anjo, não: a hora
Em que o luar, no monte enmudecido,
Fulgurou tão desesperdamente
Que uma antiga substância, essa beleza
Que podia tocar-se num recesso
Da poeirenta estrada, no terror
Das cadelas nocturnas, na contínua
Perturbação, morada da alegria;

2.
Essa beleza que era também espanto
Pelo dom da palabra e pelo seu uso
Que erguia e abatia, levantava
E abatia outra vez, deixando sempre
Um rasto extraordinario. Sim, a hora,
Dois séculos atrás, em que uma ausência
E o seu grande silêncio cintilaram
Sobre a mão do poeta, em despedida.

3.
Tardia já, pois não restava mesmo
Uma desolação, eco nenhum,
Somente um coração que enlouquecia
Como que por amor, exactamente
À maneira do amor, havendo mesmo
Uma mulher, Diotima, transmigrada
Não pela alma, não pela essência,
Mas pelo que há no corpo do volumen
Da estátua, sacralíssimo e terreno,
E duradouro, e pronto a apodrecer.

4.
E, sobre a indigência, não havia
Nada a dizer, nada a fazer, dizia,
Oferecendo a nuca, não sabendo
Para que se movia a sua mão,
Movendo-a, no en tanto, proclamando
A grande morte pela qual viria
A morte das palavras, pelo menos
Era o que ele presentía e enganou-se.


5.
Diz-se: a nossa indigência nada tem
De semelhante à dele. E o seu grito,
Essa pregunta, a última a sair,
Da garganta cortada, pouco audível
Entre o golfar do sangue, a desditosa
Pregunta: Para quê?, testemunhando
Que a perda se instalara para sempre,
Era o do filho abandonado, aquele
Que os deuses, retirando-se, não olham
Nem favorecem mais.

6.
                                        Porém, passada
História abundante e tanta literatura
Por sobre estes lamentos, quando a mesma
Palavra, a indigência, nos ocorre
Sem que nos atrevamos a usá-la,
Porque sem deuses, sem o sentimento
Sequer da sua falta, nós nascemos,
E incapazes de lembrar, secando,
Sugando tudo, até aquilo que não
Nos serve de alimento, o que circula
Nas entranhas da terra, a sua linfa,
Essa  que os argonautas ainda viram
Exsudar, como um sangue, dos rochedos
Quando tudo cantava e era ferido.

7.
Nós, os ateus, nós, os monoteístas,
Nós, os que reduzimos a beleza
A pequenas tarefas, nós, os pobres
Adornados, os pobres confortáveis,
Os que a si mesmos se vigarizavam
Olhando para cima, para as torres,
Supondo que as podiam habitar,
Glória das águias que nem águias tem,
Sofremos, sim, de idêntica indigência,
Da ruína da Grécia.

8.
                                         Onde está ela,
A tua bela  Atenas, a que viu
Aparecer entre os homens a justiça
E a livre palabra e, ainda mais,
A visibilidade, as contas públicas,
Uma altivez de iguais. O que disseram
Ao imperador persa? «Simplesmente,
Lutamos bem, lutamos por nós mesmos
E pela nossa pátria. Não lutamos
A mando de ninguém. Não veneramos
Nem nos submetemos a mortais.»
Oh, assim nós falássemos, assim
O senhor dos enigmas, Apolo,
Nos desse um pensamento de estratégia.
Porém Apolo não moreu também?

9.
Para quê, perguntou ele, para que servem
Os poetas em tempo de indigência?
A torre, o cemitério, o devaneio,
Tudo existia já, mas cada coisa
Desconhecia as outras, nada então
Albergava um projecto nem sequer
Um desígnio amoroso. Eram apenas
Coisas: pedras, doenças e paisagem
Cuja condição viva se traduz
Pela exalação da humidade
E por alguna quase imperceptível
Elevação do peito. Sossegado
Parecia o mundo.

(…)

LA TERCERA DESGRACIA
HÉLIA CORREIA
Traducción del portugués: Mario Grande

1.
¿Para qué, preguntó él, para qué sirven
Los poetas en tiempos de indigencia?
Dos siglos transcurridos desde la hora
En que se escribió esta media línea,
No la hora del ángel, no: la hora
En que el resplandor de la luna llena, en
     [el monte enmudecido,
Fulguró tan desesperadamente
Que una antigua sustancia, esa belleza
Que podía tocarse en un desvío
De la polvorienta carretera, en el terror
De los perros nocturnos, en la continua
Perturbación, morada de la alegría;

2.
Esa belleza que era también asombro
Por el don de la palabra y por su uso
Que se alzaba y abatía, se levantaba
Y abatía otra vez, dejando siempre
Una huella extraordinaria. Sí, la hora,
Dos siglos atrás, en que una ausencia
Y su gran silencio habían centelleado
Sobre la mano del poeta, como despedida.

3.
Tardía ya, pues no quedaba ni
Una desolación, eco ninguno,
Solamente un corazón que enloquecía
Como por amor, exactamente
A la manera del amor, así como igualmente
Una mujer, Diotima, transmigrada
No por el alma, no por la esencia,
Sino por lo que hay en el cuerpo del volumen
De la estatua, sacratísimo y terrenal
Y duradero y listo para pudrirse.

4.
Y, sobre la indigencia, no había
Nada que decir, nada que hacer, decía,
Ofreciendo la nuca, sin saber
Para qué se movía su mano,
Moviéndola, sin embargo, proclamando
La gran muerte por la que vendría
La muerte de las palabras, al menos
Era lo que él presentía y se engañó.

5.
Se dice: nuestra indigencia nada tiene
De semejante con la suya. Y su grito,
Esa pregunta, la última en salir
De la garganta cortada, poco audible
Entre el borboteo de la sangre, la
     [desdichada
Pregunta: ¿Para qué?, atestiguando
Que la pérdida se había instalado para
[siempre,
Era el del hijo abandonado, aquel
Que los dioses, al retirarse, no miran
Ni favorecen más.

6.
                          No obstante, pasada
Historia abundante y tanta literatura
Sobre estos lamentos, cuando la misma
Palabra, la indigencia, nos viene al
      [pensamiento
Sin que nos atrevamos a usarla,
Porque sin dioses, sin el sentimiento
Siquiera de su falta, nacemos
E incapaces de recordar, secando
Chupando todo, incluso lo que no
Nos sirve de alimento, lo que circula
Por las entrañas de la tierra, su linfa,
Esa que los argonautas todavía habían visto
Exudar, como la sangre, de los roquedos
Cuando todo cantaba y era herido.

7.
Nosotros, los ateos, nosotros, los monoteístas,
Nosotros, los que reducimos la belleza
A pequeñas tareas, nosotros, los pobres
Engalanados, los pobres confortables,
Los que a sí mismos se engañaban
Mirando hacia arriba, hacia las torres,
Suponiendo que las podrían habitar,
Gloria de las águilas que ni águilas tiene,
Sufrimos, sí, de idéntica indigencia,
Por la ruina de Grecia.

8.
                                               ¿Dónde está
Tu bella Atenas, la que vio
Aparecer entre los hombres la justicia
Y la palabra libre y, aún más,
La visibilidad, las cuentas públicas,
Una altivez de iguales? ¿Qué le habían dicho
Al emperador persa? «Simplemente,
Luchamos bien, luchamos por nosotros mismos
Y por nuestra patria. No luchamos
Bajo el mando de nadie. No veneramos
Ni nos sometemos a mortales.»
¡Oh, ojalá habláramos así, ojalá
El señor de los enigmas, Apolo,
Nos diera un pensamiento de estrategia!
Sin embargo, ¿no murió también Apolo?

9.
¿Para qué, preguntó él, para qué sirven
Los poetas en tiempos de indigencia?
La torre, el cementerio, la quimera,
Todo existía ya, pero cada cosa
Desconocía a las otras, nada entonces
Albergaba un proyecto. Ni siquiera
Un designio amoroso. No eran sino
Cosas: piedras, enfermedades y paisaje
Cuya condición viva se traduce
Por la exhalación de la humedad
Y por alguna casi imperceptible
Elevación en el pecho. Sosegado
Parecía el mundo.  (…)





Traducción de Mario Grande.
De "Relógio D’Água", Lisboa, 2012.







 
Hélia Correia
Nació en Lisboa. Poeta y dramaturga, se reveló como novelista con O Separar das Águas (1981), a la que siguieron Montedemo, Casa Eterna, Insânia, Bastardía, Lilias Fraser y “Adoecer”. Autora teatral de temas griegos —Perdição-Exercício sobre Antígona, O Rancor – Exercício sobre Helena, Desmesura, Exercício com Medeia—,  entre sus obras más recientes figura el poemario A Terceira Miséria (2012).

Mario Grande
Nació en Bilbao. Traductor y escritor. Entre los autores traducidos, Dino Buzzati, Natalia Ginzburg, Charles De Gaulle, Ana Maria Machado, Dodie Smith. En la actualidad, como parte de Atalaire®, trabaja en la traducción de la obras completas de la autora portuguesa Maria Gabriela Llansol. Su última obra de ficción es Caminos sin Santiago (2013).  



 

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