viernes, 2 de mayo de 2014

KARL SHAPIRO



 


Karl Shapiro   (Maryland, 1913 - Nueva York , 2000) 

 

Archivo: Karl Shapiro.jpg

 

 I Am an Atheist Who Says His Prayers*






I am an atheist who says his prayers.



I am an anarchist, and a full professor at that. I take the loyalty oath.



I am a deviate. I fondle and contribute, backscuttle and brown, father of three.



I stand high in the community. My name is in Who’s Who. People argue about my modesty.



I drink my share and yours and never have enough. I free-load officially and unofficially.



A physical coward, I take on all intellectuals, established poets, popes, rabbis, chiefs of staff.



I am a mystic. I will take an oath that I have seen the Virgin. Under the dry pandanus, to the scratching of kangaroo rats, I achieve psychic onanism. My tree of nerves electrocutes itself.



I uphold the image of America and force my luck. I write my own ticket to oblivion.



I am of the race wrecked by success. The audience brings me news of my death. I write out of boredom, despise solemnity. The wrong reason is good enough for me.



I am of the race of the prematurely desperate. In poverty of comfort I lay gunpowder plots. I lapse my insurance.



I am the Babbitt metal of the future. I never read more than half of a book. But that half I read forever.



I love the palimpsest, statues without heads, fertility dolls of the continent of Mu. I dream prehistory, the invention of dye. The palms of the dancers’ hands are vermillion. Their heads oscillate like the cobra. High-caste woman smelling of earth and silk, you can dry my feet with your hair.



I take my place beside the Philistine and unfold my napkin. This afternoon I defend the Marines. I goggle at long cars.



Without compassion I attack the insane. Give them the horsewhip!



The homosexual lectures me brilliantly in the beer booth. I can feel my muscles soften. He smiles at my terror.



Pitchpots flicker in the lemon groves. I gaze down on the plains of Hollywood. My fine tan and my arrogance, my gray hair and my sneakers, O Israel!



Wherever I am I become. The power of entry is with me. In the doctor’s office a patient, calm and humiliated. In the foreign movies a native, shabby enough. In the art gallery a person of authority (there’s a secret way of approaching a picture. Others move off). The high official insults me to my face. I say nothing and accept the job. He offers me whiskey.



How beautifully I fake! I convince myself with men’s room jokes and epigrams. I paint myself into a corner and escape on pulleys of the unknown. Whatever I think at the moment is true. Turn me around in my tracks; I will take your side.



For the rest, I improvise and am not spiteful and water the plants on the cocktail table.








YO SOY UN ATEO QUE REZA


Yo soy un ateo que reza.

Yo soy un anarquista, y un catedrático de la materia. Juro lealtad a la bandera. 

Yo soy un desviado. Acaricio y colaboro, sodomizo y me coloco, padre de tres hijos.

Yo sobresalgo en mi comunidad. Mi nombre aparece en el Quién es quién. La gente debate sobre mi modestia.

Yo me bebo lo mío, me bebo lo tuyo y aún así no es bastante. Yo gorroneo oficial y extraoficialmente.

Un cobarde corporal, yo me encaro con todo intelectual, poeta establecido, pope, rabino o jefe de personal.

Yo soy un místico. Juro solemnemente haber visto a la Virgen. Bajo el pandano seco, al son de la rasgadura de la rata canguro, alcanzo el onanismo psíquico. Mi árbol de nervios se electrocuta a sí mismo.

Yo confirmo la imagen de América y tiento mi suerte. Yo expido mi propio billete de ida al olvido.

Yo soy de la raza echada a perder por el éxito. El público me trae noticias de mi muerte. Escribo por aburrimiento, desprecio la solemnidad. A mí me basta con la causa equivocada.

Yo soy de la raza de los desesperados precoces. Ante la carencia de consuelo, conspiro con pólvora. Yo apuro mis seguros.

Yo soy el metal Babbit del futuro. Jamás leo más de la mitad de un libro. Pero esa mitad la leo por siempre.

Yo adoro los palimpsestos, las estatuas sin cabeza, las muñecas de la fertilidad del continente de Mu. Sueño la prehistoria, la invención del tinte. Las palmas de los bailarines son de color bermellón. Sus cabezas se mecen como cobras. Mujeres de alta alcurnia que oléis a tierra y a seda, podéis enjugar mis pies con vuestras cabelleras.

Yo tomo asiento junto a los filisteos y desdoblo mi servilleta. Esta arde apoyaré a los marines. Me pasmo ante los coches largos.

Sin compasión, yo arremeto contra los dementes. ¡Que les den de latigazos! 

El homosexual me da una conferencia en el reservado de la cervecería. Siento mis músculos distenderse. Él sonríe ante mi miedo.

Los tiestos de loza titilean en el limonar. Bajo la vista y contemplo los valles de Hollywood. Mi perfecto bronceado y mi arrogancia, mi pelo canoso y mi calzado deportivo, ¡oh Israel!

Esté donde esté, yo soy el adecuado. El poder del acceso está conmigo. En la consulta del médico, un paciente humillado y tranquilo; en las películas en lengua extrajera, un nativo lo suficientemente mezquino; en la galería de arte, un individuo con autoridad (existe un modo adecuado de acercarse a un cuadro; los demás se apartan). El alto funcionario me insulta a la cara. Yo no digo nada y acepto el trabajo. Me ofrece un whisky.

¡Qué bellamente finjo! Me convenzo a mí mismo con chistes de vestuario y epigramas. Me pongo a mí mismo contra las cuerdas y escapo sujeto a la polea de lo desconocido. Piense lo que piense en el momento es verdad. Deténme en seco y hazme volver sobre mis propios pasos; me pondré de tu lado.

Por lo demás, improviso, no tengo malas intenciones y riego las plantas de la mesilla del salón.






   
Traducción de Miguel Merino.  
  
*Procedente del poemario The Bourgeois Poet (1964).






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