miércoles, 3 de febrero de 2016

DAVID PUJANTE





CALÍMACO


Vuelve a escaparse el viejo poeta cada noche;
después de haber leído algunos de los libros que le mandan
jóvenes, que imagina
hermosos además de inteligentes;
y, quizás con el tiempo, alguno de ellos sea
incluso un buen poeta.
Que también la poesía a veces es cuestión de voluntad.

¡Le hace tanto bien la noche!
No se ve en los espejo ni encuentra a los amigos,
desmoronados, llenos de plagas y quejas.
Se oculta en un rincón de cualquier bar de encuentros y chaperos,
y elige, por el precio que el mercado propone cada noche,
mala bisutería que el deseo
le hace asimilar a aquellas muchedumbres divinas que alegraran
las noches de Corinto, de Florencia, de Londres,
de Lisboa o Berlín, cuando él mismo era joven,
y en tantas otras vidas que ha leído en los libros.


Hoy aún no ha encontrado a nadie que le guste y que le quiera
ofrecer sus favores a cambio de unos miles.
Se atalaya en la zona de más oscuridad
y pide una cerveza.
Enfrente está sentado un marroquí.
Piel sabia, manos grandes, la camisa entreabierta.
Ni un pelillo en el pecho; ¡cómo le gusta! Pero lo descarta.
Es chico conflictivo: anda siempre metido
en asuntos de drogas, y en peleas.
Se dice que sus manos generosas
lo han sido en ocasiones con la muerte.

Vuelve el viejo poeta a echar una ojeada
por el local. Ningún otro le gusta.
Y el morito comienza a insinuarse,
a buscarle los ojos al notar su interés.
Entre el uno y el otro, el silencio y la duda construyen un abismo
en fracción de segundos.
Llama entonces el viejo al camarero
y le da una orden.
                                  Ante el joven,
espumeante, fresca y decidida, se muestra otra cerveza.
Alza el chico los ojos, negros como el silencio,
fríos como el destino; y brinda con sus generosas manos,
en el aire enrarecido, por una oscura nupcia.

Cuando cruzan la puerta,
se levanta un murmullo
entre los habitantes del peligro y la noche;
del brazo del muchacho, ya en la calle,
por un instante piensa el anciano poeta
en su último libro,
que acaba de salir con honores de crítica y premios importantes.
No teme; nada teme. Al contrario, confía.
No existirá la muerte.





CALLIMACO


Torna il vecchio poeta a fuggire ogni notte;
dopo aver letto qualcuno dei libri che gli mandano
giovanotti che immagina
belli oltre che intelligenti:
qualcuno sarà forse un buon poeta,
col tempo.
Perché anche la poesia a volte è solamente volontà.

La notte gli fa tanto bene!
Non si guarda agli specchi, non incontra gli amici:
rovinati, piagati, lamentosi.
Si nasconde in un angolo di qualche bar d’incontri
e di marchette; al prezzo che il mercato ogni notte
propone, sceglie tra bigiotteria
scadente che soltanto il desiderio
gli fa rassomigliare alla divina folla che allegrava
le notti di Corinto, di Londra, di Firenze,
di Lisbona o Berlino, quand’era anche lui giovane,
e a tutte le altre vite di cui lesse sui libri.

Non ha ancora incontrato, oggi, uno che gli piaccia
e gli offra i suoi favori per qualche biglietto.
Si apposta nella zona che è più buia
e ordina una birra.
Di fronte ha un marocchino. Pelle savia,
mani grandi, camicia semi aperta. Sul petto
non ha neanche un peletto. Gli piace. Ma lo scarta.
Ragazzo controverso: è sempre in mezzo
agli affari di droga e alle risse.
Dice che con le mani generose
ha avuto anche occasioni con la morte.

Getta il vecchio poeta un’altra occhiata
nel locale. Nessun altro gli piace.
E il moretto comincia ad insinuarsi
e a catturarne gli occhi, notando il suo interesse.
Silenzio e dubbio in un secondo scavano
un abisso tra loro.
Il vecchio allora chiama il cameriere
e gli ordina qualcosa.
                                            Innanzi al giovane,
schiumosa, fresca e decisiva appare un’altra birra.
Il ragazzo alza occhi neri come il silenzio,
freddi come il destino; e brinda con le mani
generose, nell’aria rarefatta, a oscure nozze.

Uscendo dalla porta,
si leva un mormorio
fra chi abita il pericolo e la notte;
dal braccio del ragazzo, già per strada,
per un attimo pensa il poeta anziano
al suo ultimo libro, appena uscito
con onori di critica e di premi importanti.
Non teme niente; non ha alcun timore.
Anzi, ha fiducia.
                                   La morte non esiste.





*Traducción de Francesco Dalessandro

De La isla, Pre-Textos (S.G.E.), 2002

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