miércoles, 6 de abril de 2016

KIM ADDONIZIO


Kim Addonizio (Whasington, 1954)



WHAT'S THE WOMEN WANT

I want a red dress.
I want it flimsy and cheap,
I want it too tight, I want to wear it  
until someone tears it off me.
I want it sleeveless and backless,
this dress, so no one has to guess
what’s underneath. I want to walk down
the street past Thrifty’s and the hardware store  
with all those keys glittering in the window,  
past Mr. and Mrs. Wong selling day-old  
donuts in their café, past the Guerra brothers  
slinging pigs from the truck and onto the dolly,  
hoisting the slick snouts over their shoulders.  
I want to walk like I’m the only
woman on earth and I can have my pick.  
I want that red dress bad.
I want it to confirm
your worst fears about me,
to show you how little I care about you  
or anything except what
I want. When I find it, I’ll pull that garment  
from its hanger like I’m choosing a body  
to carry me into this world, through  
the birth-cries and the love-cries too,  
and I’ll wear it like bones, like skin,  
it’ll be the goddamned
dress they bury me in.



WINE TASTING

I think I detect cracked leather.
I’m pretty sure I smell the cherries
from a Shirley Temple my father bought me

in 1959, in a bar in Orlando, Florida,
and the chlorine from my mother’s bathing cap.
And last winter’s kisses, like salt on black ice,

like the moon slung away from the earth.
When Li Po drank wine, the moon dove
in the river, and he staggered after.

Probably he tasted laughter.
When my friend Susan drinks
she cries because she’s Irish

and childless. I’d like to taste,
one more time, the rain that arrived
one afternoon and fell just short

of where I stood, so I leaned my face in,
alive in both worlds at once,
knowing it would end and not caring.



POEM FOR THE NEW YEAR

So far it's suspiciously similar
to the old year: the same wild cold

wind circling the yard,
and that oozy substance

still clings to the carton of orange juice
I lift from a shelf in the fridge.

Also, I notice that my face
in the bathroom mirror,

fresh from the bed's wrappings,
looks a bit worn.

Last night, in my neighborhood,
a few guns went off amid the firecrackers,

surely a sign that something new
was entering the world,

though the sounds were identical
to the small-arms fire

emitted from the war documentary
I was watching on TV.

It's possible
I missed the transition entirely

by not attending a drunken party,
wearing a pointy hat

and tongue-kissing a few strangers,
and so am still living

in the previous year,
where the windows are rattling

in the storm
and the front door suddenly

slams open
and I just as quickly rush to slam it shut.






¿QUÉ QUIEREN LAS MUJERES?

Quiero un vestido rojo,
lo quiero ligero y barato,
muy ajustado, quiero vestirlo
hasta que alguien me lo arranque.
Lo quiero sin mangas y con la espalda al aire,
esa clase de vestido en el que no se tenga
que adivinar lo que hay debajo.
Y quiero pasear calle abajo ignorando
las tiendas de saldos y las de herramientas
con todas esas llaves relucientes en los escaparates,
ignorando al señor y la señora Wong
que venden donuts pasados de fecha en su café,
ignorando también a los Servicios de reparto
que arrojan cerdos desde su camioneta
cargando sus escurridizos hocicos en sus hombros.
Quiero caminar como si fuera
la única mujer en la faz de la tierra
y que sea mi elección.
Quiero ese maldito vestido rojo,
lo quiero para confirmar tus peores temores sobre mi,
para mostrarte lo poco que me preocupo por ti,
mi tremendo egoísmo.
Cuando lo encuentre, lo pondré en una percha
como si estuviera eligiendo un cuerpo
para llevarme por este mundo, a través
de un ruido de pájaros y del amor,
y lo llevaré como mi propio esqueleto, como mi propia piel,
será el puto vestido con el que me entierren.



CATA DE VINO

Creo que noto la piel cuarteada.
Estoy segura de que huelo las cerezas
del cóctel Shirley Temple
que mi padre me compró

en 1959, en un bar de Orlando, Florida,
y el cloro del gorro de baño de mi madre.
y los besos del último invierno, como la sal para la helada,

como la luna arrojada desde la tierra.
Cuando Li Po bebía vino, la luna se zambullía en el río,
y alucinaba después.

Probablemente él supo reírse
Cuando mi amiga Susan bebe,
llora porque ella es irlandesa
y estéril. Me gustaría probar,
una vez más, la lluvia que llegó
una tarde y no mojó el lugar

donde estaba, así que tuve que inclinar mi rostro hacia ella,
viva en ambos mundos a la vez,
sabiendo que escamparía sin que importara.



POEMA PARA AÑO NUEVO

Hasta ahora es sospechosamente similar
al año pasado, el mismo frío y duro

viento asolando el patio
y la asquerosa sustancia
pegada todavía al cartón de zumo de naranja
que cojo de la balda del frigorífico.

Además, noto que mi cara
en el espejo del baño,
fría como las sábanas,
parece un poco avejentada.

La pasada noche, en el vecindario,
sonaron tiros entre los petardos,
como una señal de que algo nuevo
estaba llegando al mundo,

aunque los sonidos eran iguales
a los de los revólveres
del reportaje que estaba viendo en la televisión.

Es posible que haya perdido esa transición completamente,
quizá por no haber acudido a una fiesta de borrachos
llevando un sombrero de bruja,
y morreando a desconocidos.

Así que todavía vivo
en el año anterior,
donde la tormenta golpea las ventanas
y la puerta principal repentinamente se abre

y yo salgo corriendo como una posesa para cerrarla.



*Traducción de Javier Lorenzo Candel.




No hay comentarios:

Publicar un comentario