miércoles, 28 de febrero de 2018

ALBIO TIBULO


TIBULO (54-19 a.C.)




Divitias alius fulvo sibi congerat auro
Et teneat culti iugera multa soli,
Quem labor adsiduus vicino terreat hoste,
Martia cui somnos classica pulsa fugent:
Me mea paupertas vita traducat inerti,               
Dum meus adsiduo luceat igne focus.
Ipse seram teneras maturo tempore vites
Rusticus et facili grandia poma manu;
Nec spes destituat, sed frugum semper acervos

Praebeat et pleno pinguia musta lacu.              
Nam veneror, seu stipes habet desertus in agris
Seu vetus in trivio florida serta lapis,
Et quodcumque mihi pomum novus educat annus,
Libatum agricolae ponitur ante deo.
Flava Ceres, tibi sit nostro de rure corona               
Spicea, quae templi pendeat ante fores,
Pomosisque ruber custos ponatur in hortis,
Terreat ut saeva falce Priapus aves.
Vos quoque, felicis quondam, nunc pauperis agri
Custodes, fertis munera vestra, Lares.               
Tunc vitula innumeros lustrabat caesa iuvencos,
Nunc agna exigui est hostia parva soli.
Agna cadet vobis, quam circum rustica pubes
Clamet 'io messes et bona vina date'.
Iam modo iam possim contentus vivere parvo               
Nec semper longae deditus esse viae,
Sed Canis aestivos ortus vitare sub umbra
Arboris ad rivos praetereuntis aquae.
Nec tamen interdum pudeat tenuisse bidentem
Aut stimulo tardos increpuisse boves,               
Non agnamve sinu pigeat fetumve capellae
Desertum oblita matre referre domum.
At vos exiguo pecori, furesque lupique,
Parcite: de magno est praeda petenda grege.
Hic ego pastoremque meum lustrare quotannis               
Et placidam soleo spargere lacte Palem.
Adsitis, divi, neu vos e paupere mensa
Dona nec e puris spernite fictilibus.
Fictilia antiquus primum sibi fecit agrestis
Pocula, de facili conposuitque luto.               
Non ego divitias patrum fructusque requiro,
Quos tulit antiquo condita messis avo:
Parva seges satis est, satis requiescere lecto
Si licet et solito membra levare toro.
Quam iuvat inmites ventos audire cubantem               
Et dominam tenero continuisse sinu
Aut, gelidas hibernus aquas cum fuderit Auster,
Securum somnos igne iuvante sequi.
Hoc mihi contingat. Sit dives iure, furorem
Qui maris et tristes ferre potest pluvias.               
O quantum est auri pereat potiusque smaragdi,
Quam fleat ob nostras ulla puella vias.
Te bellare decet terra, Messalla, marique,
Ut domus hostiles praeferat exuvias;
Me retinent vinctum formosae vincla puellae,               
Et sedeo duras ianitor ante fores.
Non ego laudari curo, mea Delia; tecum
Dum modo sim, quaeso segnis inersque vocer.
Te spectem, suprema mihi cum venerit hora,
Te teneam moriens deficiente manu.               
Flebis et arsuro positum me, Delia, lecto,
Tristibus et lacrimis oscula mixta dabis.
Flebis: non tua sunt duro praecordia ferro
Vincta, neque in tenero stat tibi corde silex.
Illo non iuvenis poterit de funere quisquam               
Lumina, non virgo, sicca referre domum.
Tu manes ne laede meos, sed parce solutis
Crinibus et teneris, Delia, parce genis.
Interea, dum fata sinunt, iungamus amores:
Iam veniet tenebris Mors adoperta caput,              
Iam subrepet iners aetas, nec amare decebit,
Dicere nec cano blanditias capite.
Nunc levis est tractanda Venus, dum frangere postes
Non pudet et rixas inseruisse iuvat.
Hic ego dux milesque bonus: vos, signa tubaeque,              
Ite procul, cupidis volnera ferte viris,
Ferte et opes: ego conposito securus acervo
Despiciam dites despiciamque famem.


*****


Que sea otro el que acumule riquezas de oro brillante y tenga muchos terrenos para cultivar, otro al que el trabajo cotidiano lo asuste con un enemigo cercano, cuyos sueños espantan los pulsos guerreros de Marte. A mí, que me lleve por una vida ociosa mi pobreza, mientras mi hogar brille con un fuego perenne.

Yo mismo, siendo labrador, plantaré en el momento justo las tiernas vides y las hermosas manzanas con mano delicada. Que no se vaya la esperanza, sino que me proporcione siempre montones de frutos y abundantes licores en un lago lleno.

De verdad: me vuelve loco, o si un tronco desierto en los campos o una vieja piedra de una encrucijada tiene floridas guirnaldas, y cada vez que el año nuevo me trae el fruto se pone como libación ante el dios de los agricultores.

Rubia Ceres, que sea para ti la corona de espigas de mi campo, que cuelgue ante las puertas del templo, y que el enrojecido Príapo sea colocado como custodio en los huertos frutales para que espante a las aves con su hoz severa.

Vosotros también, Lares, custodios entonces de un campo, ahora dichoso ahora pobre, lleváis vuestros regalos. Entonces, una tercera sacrificada purificaba ilimitados terneros, ahora una cordera es la pequeña víctima de mi modesto campo. Una cordera será entregada, alrededor de la que los jóvenes del campo clamarán: “¡Ea, dad trigo y buenos vinos!”

Os queda ya sólo vivir contento con poco y no estar entregado siempre a un largo camino, sino evitar bajo la sombra de un árbol la salida calurosa del Can, junto a los ríos de agua que fluye. Sin embargo, no me avergonzará haber tenido entretanto el rastrillo o con la azada haber increpado a los lentos bueyes. Ni me avergonzará llevar a casa en el regazo a una cordera o una cría de cabra abandonada por la madre olvidadiza.

Pero vosotros, ladrones y lobos, respetad a mi pequeño rebaño: las presas deben cogerse de una manada grande. Aquí yo mismo cada año suelo purificar a mi pastor y mojar gustosamente a Palas con leche. Asistidme, dioses, y no despreciéis los regalos de una mesa pobre ni pequeñas vasijas de barro. Primero, el anciano campesino de hizo copas de barro, y las adornó con manejable arcilla.

No quiero yo las riquezas y los frutos de los mayores, los que la mies almacenada trajo al viejo anciano. Es suficiente un pequeño campo, suficiente descansar en una cama si es posible posar los miembros en el lecho de costumbre. ¡Cómo place oír a los fieros vientos mientras yaces y tener a una chica en tu tierno regazo, o, cuando el Austro invernal funde las aguas gélidas, seguir durmiendo, acurrucado ante un fuego agradable.

Que me sea esto dado. Que sea rico con derecho el que puede soportar el furor del mar y las pesadas lluvias. ¡Que perezca lo que sea oro o esmeraldas, antes de que una sola muchacha llore por mi marcha! Mesala: a ti te conviene batallas por tierra y por mar, para que tu hogar exhiba los logros enemigos: a mí me retienen atado las cadenas de una bella muchacha, y me siento como un vigilante ante sus severas puertas. Yo no me preocupo de ser alabado, Delia mía; mientras esté a tu lado, pido que me llamen vago y perezoso.

Deseo verte cuando la última hora me llegue, y ojalá te toque con mano torpe mientras muero. Me llorarás también colocado en una pira, Delia, y me darás besos mezclados con tristes lágrimas. Me llorarás, pues tu corazón no está sujeto con duro hierro, ni tienes una piedra en tu tierno pecho. Ningún joven, ni muchacha, podrá llevar a casa desde el funeral los ojos secos. No ofendas a mis Manes, Delia, sino que preocúpate de tus cabellos esparcidos y tus tiernas mejillas.

Entretanto, mientras los hados sean propicios, unamos nuestro amor: ya vendrá la Muerte con una cabeza llena de tinieblas, ya entrará inerte y no convendrá amar ni decir palabras de amor con la cabeza canosa. Ahora la dulce Venus ha de ser adorada, mientras no te avergüence romper puertas y te guste levantar disputas.

Yo aquí soy buen soldado y general: vosotros, estandartes y trompetas, id lejos, llevad las heridas a los hombres que sí las quieren, y también las riquezas. Yo, tranquilo con mi ganancia obtenida, despreciaré la riqueza y despreciaré el hambre.







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